Defecamos mierda, que huele y sabe a mierda, todos lo hacemos, pero nos parece de mal gusto y no tardamos en sentirnos pudorosos. Regamos con orín primero los verdes campos, luego las trabajadas calles construidas y derruidas por nuestros iguales. Se nos acumula menstruación en un absorbente en permanente contacto con la carne. Comemos con avaricia, como humanos, hamburguesas de dos pisos y tres o cuatro lonchas de grasiento queso fundido. La comida inutilmente ingerida, se posa sobre barrigas o caderas, sobre brazos, tetas y papadas y queremos adelgazar, pero para ello no sudamos ni la mitad de lo que lo hacemos aparcando el coche.
Hacemos cola en los centros comerciales cuando anuncian que pagaremos menos por vestir nuestro cuerpo siempre criticado. Y nos vamos cargados de bolsas con una sonrisa en la cara. Matamos. Asesinamos. Degollamos, atropellamos, descuartizamos, apuñalamos, disparamos, golpeamos a todo aquello que ose tener vida. Por celos, por dinero, por locura, por venganza, por enfado, por miedo, por hambre, por rabia. Se nos cae el pelo. Pedimos la muerte, pero no queremos morir. Queremos la vida, pero no vivirla. Somos egoístas hasta más no poder. Eructamos y nos huele el aliento. Expulsamos gases, nos suda el surco interglúteo y aún hay gente que se cree con clase. Despreciamos. Si por un casual existiera Dios, deberíamos ponerle una camisa de fuerza.
Hacemos cola en los centros comerciales cuando anuncian que pagaremos menos por vestir nuestro cuerpo siempre criticado. Y nos vamos cargados de bolsas con una sonrisa en la cara. Matamos. Asesinamos. Degollamos, atropellamos, descuartizamos, apuñalamos, disparamos, golpeamos a todo aquello que ose tener vida. Por celos, por dinero, por locura, por venganza, por enfado, por miedo, por hambre, por rabia. Se nos cae el pelo. Pedimos la muerte, pero no queremos morir. Queremos la vida, pero no vivirla. Somos egoístas hasta más no poder. Eructamos y nos huele el aliento. Expulsamos gases, nos suda el surco interglúteo y aún hay gente que se cree con clase. Despreciamos. Si por un casual existiera Dios, deberíamos ponerle una camisa de fuerza.