Para recordarme que no eres tú todo lo que reluce. Para eso, guardaré las horas, solo las que perdimos no estando juntos. Y las que perdimos estándolo. Y luego cuando tenga muchas, un montón, las iré dejando por tus días como si de minas se trataran. Y que te exploten y te rebienten la cabeza. Y pueda descubrir como eran las circunvoluciones del cerebro que me hacían de tobogán. Y me pueda dar asco. Pero para eso, primero he de recordarme que no eres tú todo lo que reluce.