No puedo evitarlo. Por mucho que pasen los años, no puedo evitar que me duela el estómago como si me lo derritieran con un mechero, cuando pienso en ti. Soy demasiado imbécil, y no puedo evitar sentir una nostalgia enfermiza, que se me empañen los ojos cuando tengo que obligarme a punta de respiraciones a seguir con mi vida, porque tu lo haces, sigues con tu feliz vida, sin mi.
Y tengo miedo de que me vuelva a pasar con otras personas, y que mi pobre corazón tenga tantas cicatrices que no tenga fuerzas de latir.
Y me prometí a mi misma que no escribiría más cursiladas de niñas tontas enamoradas del desamor.
Y como siempre, las únicas promesas que acabo rompiendo, son las que me hago a mi misma.