En la Rue de Rivoli de París, los nadies siguen soñando con comprarse un perro con pulgas y siguen no entendiendo el arte escondido en fincas de niños pijos bohemios que quieren sentir esa piedra llamada hambre.
Pero no pueden. La erosionan con el Caramel Macchiato del Starbucks.
Pobres nadies. Ojalá no existierais.