En el salón de su casa.
En la Rue de Rivoli de París, los nadies siguen soñando con comprarse un perro con pulgas y siguen no entendiendo el arte escondido en fincas de niños pijos bohemios que quieren sentir esa piedra llamada hambre.
Pero no pueden. La erosionan con el Caramel Macchiato del Starbucks.
Pobres nadies. Ojalá no existierais.
Ibiza
y un montón de barriles de ron
navegando con calma chicha
sin tener que usar el timón.
Yo prefiero ser un pirata,
aunque tenga que naufragar
vivir en tierra es una lata
nada hay tan bello como la mar...
Lección 1º del 2014:
- Nunca te lleves mal con nadie. Con NADIE. Nunca se sabe dónde van a estar ellos el día de mañana, y dónde vas a estar tú.
Por favor...
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que la Chica Costra no vuelva jamás |
Tan visto, oído, lamido, olido y tocado... como real.
RECUERDA:

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:
Tengo ojeras, nunca me peino, y mastico chicle con la boca abierta. Soy bastante infantil y muy desordenada, y a veces me cuesta pillar las cosas.Me despisto con facilidad y camino siempre distraida con las manos en los bolsillos, haciendo eses y molestando el paso recto de mi acompañante.Soy hipersensible a la vida, y por eso salgo cada día a la calle con una coraza de 20 mm de uranio forrando mi mirada, pero se deshace con facilidad. Soy demasiado leal, así que también muy rencorosa. Me falta sentido de la propiedad ajena y de la orientación. Pero soy una tía de puta madre.
Una tía de puta madre.
Y estaré ahí, dónde quieras que yo esté, siempre que me necesites.
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Recuerde el alma dormida,
..... avive el seso y despierte,
CONTEMPLANDO
Cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte
. tan callando
(Cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado, fue mejor)
...
Eso del alcohol, que gran invento es.
Eso que te extrae asépticamente la aponeurosis del alma, y te devuelve tu verdadero yo, el que nunca deberías haber dejado que entierren.
En fin...
No puedo evitarlo. Por mucho que pasen los años, no puedo evitar que me duela el estómago como si me lo derritieran con un mechero, cuando pienso en ti. Soy demasiado imbécil, y no puedo evitar sentir una nostalgia enfermiza, que se me empañen los ojos cuando tengo que obligarme a punta de respiraciones a seguir con mi vida, porque tu lo haces, sigues con tu feliz vida, sin mi.
Y tengo miedo de que me vuelva a pasar con otras personas, y que mi pobre corazón tenga tantas cicatrices que no tenga fuerzas de latir.
Y me prometí a mi misma que no escribiría más cursiladas de niñas tontas enamoradas del desamor.
Y como siempre, las únicas promesas que acabo rompiendo, son las que me hago a mi misma.
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Quiero ser así, pequeña, siempre. Caber en la cáscara de una almendra. No estoy preparada para crecer, no estoy preparada para cambiar de fase. No quiero quedar para tomar un café. No quiero dejar propina en los bares. No quiero, no quiero tener un trabajo estable, para luego hipotecarme. Me da vértigo empezar a ir a boda u enlaces, a que me cosan los trajes, acariciar tripitas y sonreír. Quiero que me sigan dando ataques de risa en los sitios menos apropiados, bailar en la calle, mangar en los chinos, emborracharme.
Comer en los portales, ver dibujos animados en lugar de debates semanales.
No quiero quejarme de la subida del petróleo, decir que en nuestra época no pasaban estas cosas. Que mis venas no tiemblen con el sonido de guitarras histéricas. No quiero comprar calcetines de oferta, irme porque se me haga tarde. Pasar de los 50, kilos, años. No quiero bajar el volumen.
No quiero entrar, no, no me parecéis interesantes.
No quiero salir de aquí.



